El mejor regalo del mundo

 

Ya estamos prácticamente en Navidad y, como todos los años, llega el momento de pensar en qué regalamos a nuestros seres queridos.

Muchos son de complicarse poco, y optar por el muy socorrido perfume, la ya famosa “caja de experiencias” o algo de ropa. Otros,  algo más creativos, optan por las tiendas de “regalos originales” que, la mayoría de las veces, realmente no dicen nada ni del que regala ni del regalado.

También está el tema del presupuesto: tenemos que andar con mucho cuidado si queremos que las Navidades no nos dejen con los bolsillos del revés.

Y sin embargo, muchas veces el mejor regalo es el que tenemos delante de nuestras narices, aunque no nos demos cuenta. Y es que seguro que esa persona prefiere mil veces el verte más a menudo que tener el último modelo de móvil, o estaría más contenta con un día a la semana en el que veas con él/ella ese tipo de películas que le encantan, pero que jamás ve contigo.

Y es que, al fin y al cabo, el mejor regalo que podemos hacer a cualquiera que nos quiera es nuestro tiempo, nuestro cariño: el mejor regalo, sin duda, eres tú.

 

Educar sin manual de instrucciones

 

Educar es siempre un reto y, además, no hay una forma concreta para hacerlo bien. Por muchos manuales y revistas infantiles que leas antes de tener a tu primer hijo, ten claro que la realidad va a superar con creces a la ficción, y que no hay manual de instrucciones en el que te cuenten qué va a ser lo siguiente que se le ocurra a tu peque, y mucho menos, qué vas a hacer tú.

La educación es un show en directo en el que, pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. Por eso, mejor tomarse las cosas con humor, intentando hacerlo lo mejor posible, aunque sin considerarte un monstruo por no ser siempre un “padre de revista”.

Sobre todo esto, te dejamos una conferencia súper recomendable (y además muy divertida) sobre educar con humor.

 

Y ya sabes, si quieres, puedes comentarnos qué te parece, y contarnos tus experiencias!!!!

 

¿Jugamos juntos?

Ahora que se acercan las Navidades vemos cada vez más publicidad de juegos, juguetes y cosas que, seguramente, a tus hijos les entren por los ojos. Sin embargo, ¿has pensado que, más que tener toooodas esas cosas, tus hijos prefieran simplemente jugar contigo?

Seguro que es así y, por eso, te dejamos una serie de razones por las que también es bueno PARA TI jugar con tu hijo. 

  1. Fortalecerás tu relación con tu peque: no importa la edad que tenga; desde los primeros meses hasta la preadolescencia, jugar con tu hijo creará un vínculo especial entre los dos.
  2. Tu hijo ganará en creatividad… y tú también. Recuerda que nunca es tarde para imaginar y que, en un momento dado, una silla puede convertirse en el asiento delantero de un coche deportivo.
  3. También es divertido para ti. No nos lo niegues: lo sabemos.
  4. Es una fantástica forma de relajarse.
  5. Lo mejor que puedes hacer por tu hijo y por ti mismo es, por un ratito, volver a convertirte en un niño.

Y ahora, ¿qué hacemos?

 

Con el comienzo de las clases, vuelve el periodo de actividades extra-escolares.  Este año, mi hijo ha decidido que quiere probar el atletismo (será porque me ve a mí correr y le llama la atención).

El primer día de sus clases de atletismo iba nervioso porque no sabía muy bien qué iba a encontrarse. Si algo me gustó especialmente ese día fue que, nada más llegar, el entrenador les sentó (ante la incrédula cara de todos, que pensaban que se iban a poner a correr así sin más), y les empezó a explicar el tipo de ropa y calzado que debían llevar a los entrenamientos, con el fin de evitar lesiones. Además, les habló de que la primera parte de las clases, siempre iba a consistir en un correcto calentamiento, para finalizar con un buen estiramiento.

Yo estaba feliz de la vida porque pude apreciar la importancia que le daban, por fin, a la prevención en el deporte.

Hasta aquí, todo genial. Yo contenta por cómo planteaban la actividad y mi hijo, entusiasmado porque iba a hacer lo que le gustaba.

Pero el segundo día, tras repasar las pautas de una correcta indumentaria, hacer los calentamientos, etc, comenzaron a entrenar. Un crío, compañero de mi hijo, tuvo la mala suerte de caerse de muy mala manera en una carrera corta de velocidad, quedándose el pobre lleno de heridas abrasivas por el deslizamiento en las pistas. Además, se dio en la cara y le comenzó a sangrar la nariz. La cara de espanto de la entrenadora y, sobre todo, su falta de reacción, me hicieron suponer que no sabía qué debía hacer con las lesiones del niño.

Finalmente, una mamá, que era enfermera, y yo, bajamos hasta las pistas y pedimos un botiquín. Mientras la enfermera le presionaba el tabique nasal, con la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante, yo le estuve curando las heridas, limpiándolas siempre, de dentro hacia fuera.

Ese día me fui dispuesta a hablar con el responsable del equipo de atletismo para pedirle que formara a todos sus entrenadores en primeros auxilios. En este caso, fueron sólo unas magulladuras, pero no quiero ni pensar qué habría pasado, si algún niño o niña se queda inconsciente y no estamos allí ninguna mamá o papá con conocimientos sanitarios para atenderle.

Como madre me preocupa muchísimo saber que las personas que pasan horas con mis hijos (profesores, monitores, etc) sepan cómo actuar si ocurre algún accidente, puesto que son los que pueden hacer algo en esos minutos de oro, antes de llegar los servicios de emergencias.

Los primeros auxilios deberíamos de saber aplicarlos todos, sin excepción, puesto que nunca sabes cuándo ni dónde te vas a encontrar con una emergencia. Pero más aún en el caso de personas que trabajan con niños.

La prevención es fundamental para evitar los accidentes, pero también lo es saber actuar ante ellos si no se han podido evitar.

Mentalidad preventiva

Leemos o vemos en las noticias los datos de fallecidos en accidentes en el hogar, un incendio de un hogar con víctimas, ahogamientos en verano etc. etc. y evidentemente nos echamos las manos a la cabeza. Pero, como bien define el carácter de nuestra sociedad, siempre desde la lejanía y la creencia de “eso a mí no me pasa”.

 

El número de hogares españoles equipados con detectores de humo ronda el 25%, frente al 93% de Estados Unidos

 

En países como Francia se acaba de aprobar por ley la obligación de tener detectores de humo en los hogares, para así proteger la vivienda y, sobre todo, a los que viven en ella. Sin embargo, en nuestro país es bastante complicado encontrar viviendas equipadas con algún sistema de protección.

Si preguntas a cualquier vecino o amigo por los sistemas de protección en el hogar ni siquiera reacciona; es más, no sabe ni de qué le estás hablando.

 

 “Más vale prevenir que luego lamentar”

Lo más habitual es que la ausencia de estos sistemas se justifique con un “eso es carísimo” o “menuda instalación requiere”.

Sin embargo, el coste medio de un detector de humos autónomo es de no más de 10-12 euros, y no requiere más instalación que colocarle dos pilas y fijarlo con cinta adhesiva.

Entonces, ¿Por qué no tenemos todos uno instalado en casa?: cuestión de educación, cuestión de cultura.

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